
Cuando era chica mi mamá me enseñó algo que no entendí ese día pero que un par de décadas más tarde me sigue ayudando...
Una tarde íbamos de camino a algún lugar (no recuerdo donde) y yo insistía con ir a la plaza... no teníamos tiempo y si me bajaba del auto seguramente me iba a ensuciar y despeinar; así es que ella hizo algo simplemente brillante, estacionó el auto al lado de la plaza y me dijo " mirá como se divierten esos chicos. Aprendé a disfrutar con la felicidad de los demás"... En ese momento me pareció cruel, me enojé con ella y no pude entender lo que quería mostrarme, pero con el tiempo me fui dando cuenta que aunque a veces no nos sintamos del todo bien, la felicidad de un ser querido puede llenarnos de dicha y hacer que nos olvidemos de nuestras miserias cotidianas. Compartir los logros y celebrar el crecimiento de quienes queremos nos hace participes de su felicidad... aunque la propia dicha a veces parezca demorar demasiado en llegar.
GRACIAS MÁ!
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